CATÁSTROFE
Creación colectiva de Ion Iraizoz, Iñigo Rodríguez-Claro, Mikele Urroz, Antonio Rojano, Irene Ruiz y José Juan Rodríguez
Dirección - Iñigo Rodríguez-Claro y Ion Iraizoz
Dramaturgia - Antonio Rojano
Reparto - Ion Iraizoz, Mikele Urroz, Irene Ruiz y
José Juan Rodríguez
Espacio sonoro - Jose Pablo Polo
Espacio escénico y vestuario - Paola De Diego
Diseño de iluminación - Pablo Seoane
Audiovisual y diseño de cartel - La dalia negra
Ayudantes de dirección - Javier L. Patiño y Carlos Pulpón
Comunicación - Cristina Anta
Producción - La Caja Flotante
Colaboran - Gobierno de Navarra, Exlímite y Espacio Guindalera
Candidata a dos Premios Max:
Espectáculo revelación
Autoría teatral

Ipse dixit et facta sunt.
Ipse mandavit et creata sunt.
Él mismo lo dijo
y todo fue hecho.
Él mismo lo ordenó
y todo fue creado.
LIBRO DE LOS SALMOS, Salmo 148.

Catástrofe o una polisemia sobre un escenario. Cuatro actores nos hablan desde el único lugar del que aún pueden hacerlo: la desnudez de un yo atravesado por la ficción. Con generosidad, comparten sus posibles biografías —como si se tratara de negativos de ellos mismos—, la vida de las mujeres y los hombres que no han sido ni serán. Ion, Irene, José Juan y Mikele habitan el accidente y dejan su experiencia en manos de un perverso juego que culmina en desastre. El drama se descompone frente a nuestras narices y viaja de un abismo a otro, en caída libre, tal y como los sueños frustrados de sus personajes. La memoria como el último desierto que tendremos que atravesar. O, todavía, que inventar. Una aventura suicida que mira de frente a ese final del que nadie, nunca, regresa.


Casa de cultura de Zizur - 31/10/18
ENT (948Merkatua) - 21/11/18
Cuarta Pared - del 07/02/19 al 23/02/19
Casa de cultura de Villava - 10/03/19
Muestra de autores contemporáneos de Alicante - 15/11/19
Ciudad distrito, CC Tetuan - 29/11/19
Ciudad distrito, CC Carabanchel - 30/11/19
Corral de comedias de Alcalá de Henares - 10 y 11/01/20
Festival de Olite - 21/07/20
Festival BAD - 23/10/20
ENT - 25/10/20
Circuito Red de Teatros de Navarra:
Ansoain - 25/09/20
Mutilva - 27/09/20
Tafalla - 06/11/20
Unas palabras del director...
Catástrofe es, sobre todo, un experimento. Una investigación sobre la estructura de la ficción y sobre el papel del azar en la creación. Finalmente, Catástrofe es una muñeca rusa: un juguete que interconecta nuestros recuerdos y sueños, nuestras fantasías y proyecciones, y en el que cada historia contiene otra historia, que contiene otra historia, y otra, y otra...
¿Qué ocurre cuando enlazas durante meses los cerebros de cuatro actores, un dramaturgo y un director, alrededor de una idea fascinante y con la voluntad de experimentar sobre el formato del relato? La idea, en este caso, fue la CATÁSTROFE (en todas sus formas). Y el formato, las “estructuras abismadas”; así fue como las nombramos para poder trabajar. Así nombramos a una ficción que se desborda rompiendo sus límites, hacia dentro o hacia fuera de sí misma. Una ficción dentro de una ficción que a su vez está dentro de otra ficción... y así, hasta el infinito. ¿Qué hay más allá de los limites de toda ficción, pasadas las fronteras de las lógicas deshilvanadas de todos lo relatos? ¿Cómo desdibujar lo real, el sueño o el deseo, para tejer un mundo de ficciones que son todas y ninguna, que somos todos y ninguno? Este es el experimento.
El proceso de creación de la pieza fue un viaje a los mundos imaginarios del otro, de los otros. Un viaje a la inversa. Donde las palabras afloran desde los actores y el dramaturgo las transcribe, reubica los mundos, reorganiza los encuentros, destila la narrativa. A lo largo del trabajo inventamos y desarrollamos una metodología propia que nos permitiese improvisar con todas las posibilidades que nos ofrecían las estructuras abismadas. Cada improvisación era un salto de fe donde el “si mágico” adquiría nuevas dimensiones porque todo, absolutamente todo, era posible. Hubo un gran esfuerzo por delimitar, por poner normas al juego y contextualizar las posibilidades. Antonio nos dio síntesis, ingenio, estructura, oficio y narrativa. Y las maravillosas cabezas locas y cuerpos móviles de Ion, Irene, Mikele y José Juan hicieron el resto. Catástrofe es la intersección de los mundos imaginarios de cuatro cerebros desorbitados, ordenados y contados por otros dos cerebros desorbitados.
Iñigo Rodríguez-Claro
TEXTO DEL AUTOR
Los griegos dejaron escrito que «el tiempo es el accidente de los accidentes». El tiempo y sus calamidades. Somos espectadores de lujo en una época de progreso técnico y científico donde el crecimiento del ser humano debería ser medido también por su reverso: un mundo hiperpoblado de catástrofes.
El accidente es el mejor enigma del progreso. Hacer que despegue un objeto más pesado que el aire también es dar un paso a favor de la catástrofe aérea. Los desastres, naturales y artificiales, se amontonan y ya no sabemos qué hacer con tantos, tan cerca de casa. Vivimos en la sobreexposición de sus efectos, sincronizando socialmente nuestro miedo y habitando un sentimiento perpetuo de final-que-espera-su-final. Desde el cambio climático hasta el crimen violento, desde la crisis financiera al terrorismo... Los terremotos, los volcanes, los accidentes de tráfico, los accidentes aéreos, las rupturas de pareja... Sí, las rupturas, lo tsunamis del desamor. Vivimos en un mundo catastrófico que demanda un teatro catastrófico. Pero un cataclismo vivido se parecerá, de un modo fantasmal, a su representación, a su propio simulacro dentro de la pantalla. Hemos normalizado el terror y los supervivientes declaran que lo sufrido fue como una película. Tras el accidente de la sustancia, nos llega el accidente de lo real, el fin del espacio y del tiempo. Como escribe Paul Virilio, filósofo del desastre, el Ministerio de Defensa debe pronto ser sustituido por el Ministerio del Miedo.
La manera en que nos enfrentamos al dolor nos enseña cómo queremos seguir conviviendo con él. El auto-engaño de existir debajo de la espada me lleva a preguntarnos: ¿Dónde queda la realidad? ¿Podemos atraparla, dentro de un teatro, aunque ninguna verdadera catástrofe sea posible en él? ¿Podemos jugar a destruirnos, aunque sólo sea un poco?
Si el accidente era el mejor enigma del progreso, la muerte es el mayor enigma para los que todavía viven. Quizá apenas alcancemos a comprender unos milímetros de la oscuridad que nos amenaza. Puede ser en ese hallazgo, en la imagen escénica de un cuerpo iluminado por un foco, en la intimidad pública del teatro y bajo el enorme poder de sus contradicciones —como Samuel Beckett soñaba—, donde alcancemos a atisbar el fogonazo de claridad de nuestra breve pero grandiosa existencia.
Antonio Rojano










